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// El Paddock Global

Norte América contra el relojLa industria automotriz exige salvar el USMCA

Siete de las organizaciones más poderosas de la industria automotriz estadounidense le enviaron una carta urgente a la administración Trump: renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá no es una opción diplomática, es una condición de supervivencia. La fecha límite es el 1 de julio.

Por · Redacción C&C

En el automovilismo de competición, hay momentos en que el resultado de una carrera no se decide en la pista, sino en el paddock, horas antes de que los semáforos se apaguen. La industria automotriz de América del Norte vive hoy uno de esos momentos. Y lo que está en juego no es un podio. Es la arquitectura completa de cómo se construyen los autos en este continente.

A principios de mayo de 2026, siete de las organizaciones más influyentes del sector automotriz estadounidense —que representan a fabricantes como General Motors, Ford, Volkswagen, Tesla, Toyota y Hyundai, además de distribuidores y proveedores de autopartes— enviaron una carta formal al Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer. El mensaje fue directo: el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá debe renovarse, y debe hacerlo antes del 1 de julio, fecha límite para la revisión de los seis años del acuerdo. No es una petición de cortesía, es una señal de alarma.

Ilustración de Donald Trump con casco y un Ford GT40 en colores de Estados Unidos
En la era Trump, el USMCA dejó de ser un acuerdo comercial: hoy es el tablero del auto norteamericano.

El United States-Mexico-Canada Agreement (USMCA), vigente desde 2020, profundizó esa integración con reglas más exigentes: hoy se requiere que aproximadamente el 75% del valor de un vehículo provenga de la región para acceder a condiciones preferenciales. Eso no es un trámite burocrático. Es la razón por la que una planta en Monterrey, una en Detroit y una en Ontario pueden funcionar como un solo ecosistema productivo.

En la era Trump, el USMCA dejó de ser un acuerdo comercial: hoy es el tablero donde se decide el futuro del auto norteamericano.

Tres décadas de integración en juego

Para entender la magnitud de lo que está sobre la mesa, hay que retroceder más de treinta años. Desde la firma del TLCAN —predecesor del USMCA— México, Estados Unidos y Canadá construyeron una de las cadenas de suministro más integradas del mundo. Un motor puede cruzar la frontera múltiples veces antes de instalarse en un vehículo terminado. Un componente fabricado en Puebla puede ser parte esencial de un pickup ensamblado en Michigan. Esta integración no es un accidente: es el resultado de décadas de inversión, logística y acuerdos que hicieron de América del Norte una unidad de producción coherente y competitiva frente a Asia y Europa.

Las organizaciones firmantes advirtieron que fragmentar el USMCA en acuerdos bilaterales separados introduciría complejidad innecesaria, cargas administrativas adicionales y regímenes regulatorios divergentes —exactamente lo contrario de lo que la industria necesita para competir.

El problema: los aranceles

El escenario ideal que describe el USMCA comenzó a complicarse en 2025, cuando la administración Trump impuso un arancel del 25% a las importaciones automotrices globales, invocando razones de seguridad nacional bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962. El golpe fue indiscriminado: afectó a aliados y competidores por igual, y puso a México y Canadá —socios históricos en la cadena automotriz norteamericana— en la misma categoría arancelaria que cualquier país sin acuerdo previo.

Lo que siguió agravó la situación. La administración negoció tarifas reducidas con Japón, la Unión Europea, Corea del Sur y el Reino Unido, dejando los aranceles sobre importaciones desde esos países en niveles de entre el 10% y el 15%. El resultado es paradójico y preocupante: en algunos casos, hoy resulta más barato enviar un vehículo desde Tokio o Stuttgart hasta un puerto estadounidense que transportarlo desde Monterrey o Silao. Esa distorsión no tiene ninguna lógica productiva. Tiene únicamente lógica política, y la industria lo sabe.

Ilustración de Claudia Sheinbaum con casco en colores de México y un GT40 mexicano
México, protagonista: la industria automotriz es una columna vertebral de su economía manufacturera.

Lo que la industria le pide a Washington

La carta enviada al representante comercial Greer plantea un argumento que va más allá de los intereses empresariales inmediatos. Las organizaciones firmantes señalan que mantener y fortalecer el USMCA es la única vía para que Estados Unidos conserve una base de producción globalmente competitiva en un momento de transformación tecnológica acelerada. La electrificación, la conducción autónoma y la digitalización de los vehículos requieren inversiones masivas y cadenas de suministro estables. Ninguna de esas condiciones es posible en un entorno de incertidumbre arancelaria permanente.

El argumento tiene sustento numérico. Estimaciones del sector indican que el USMCA genera eficiencias que representan decenas de miles de millones de dólares en ahorros anuales para los fabricantes del continente. Esos ahorros no desaparecen silenciosamente: se traducen en precios, en empleos, en la viabilidad de mantener plantas operando en suelo norteamericano en lugar de desplazar producción hacia Asia.

“A los tres países nos conviene mantener el tratado. La integración productiva de América del Norte ha generado inversión, empleo y precios más competitivos.”

México, en el centro del tablero

Para México, la negociación tiene una dimensión adicional. El país no es un actor periférico en esta historia: es uno de sus protagonistas. La industria automotriz representa una de las columnas vertebrales de la economía manufacturera mexicana, con plantas de producción de prácticamente todos los grandes fabricantes globales y una red de proveedores que emplea a cientos de miles de personas.

La semana del 25 de mayo de este año arrancaron en Ciudad de México las negociaciones bilaterales formales entre México y Estados Unidos dentro del marco del USMCA. Lo que se acuerde —o lo que no se acuerde— en esas semanas determinará las condiciones bajo las cuales la industria operará en los próximos años. No es exagerado decir que el futuro de varias plantas, de varios modelos y de varios cientos de miles de empleos directos e indirectos depende, en parte, de lo que ocurra en esas salas de negociación.

Ilustración de un representante de Canadá con casco CAN-Am y un auto de carreras canadiense
Canadá, el tercer vértice del tablero: socio histórico de la cadena automotriz de América del Norte.

La carrera que importa

En el paddock, los equipos que ganan no son necesariamente los que tienen el auto más rápido. Son los que toman mejores decisiones bajo presión, los que leen el contexto antes que sus rivales y los que no desperdician el tiempo que tienen. América del Norte tiene, hoy, un auto competitivo: tres décadas de integración productiva, infraestructura compartida, talento humano y una cadena de suministro que el resto del mundo no puede replicar de la noche a la mañana. La pregunta no es si ese activo existe, la pregunta es si quienes toman las decisiones en Washington están dispuestos a protegerlo antes de que el reloj marque el 1 de julio.