GuillermoAxalco
El niño que soñaba con juguetes, hoy los colecciona
De recoger verdolagas para comer a transportar reactores de Pemex y bloques de 80 toneladas para el Tren Maya. Guillermo Axalco construyó Grupo Giga desde la nada y en el camino nunca dejó de mirar los autos como lo que siempre fueron para él: la prueba de que los sueños sí se cumplen.
Por · Entrevista C&C
Nuestro entrevistado no habla de sus logros como quien presume. Los cuenta como quien todavía lleva encima la memoria de todo lo que parecía imposible. El niño de San Martín Texmelucan que a los seis años vendía bolitas para el cabello y comía lo que encontraba en la tierra, hoy dirige una empresa de transporte especializado con más de 200 reconocimientos, clientes como Coca-Cola, Liverpool, Pemex y el gobierno federal, y una colección de autos clásicos que también cuenta su historia.
¿Cómo te describirías, y cómo crees que te describirían tus hijos?
Cumplir tus sueños. Callar bocas. No hay imposibles. No son tres frases exactas, pero todas se relacionan porque son una vivencia. De chiquito no tuve juguetes —y ya me lo dijo un psicólogo: esa escasez es lo que hoy estoy reflejando, pero ahora con juguetes reales. Mis hijos me ven como alguien que nunca se quedó quieto, que hizo las cosas por la derecha y que les enseñó que también por ahí se puede llegar lejos.
¿Cuál fue el momento en que decidiste ir por todo?
No fue un momento, fue la vida entera entrenándome para no tener opción de rendirme. A los 15 años ya tenía claro que no quería esa vida ni para mí ni para los que me rodeaban. Me compré mi primer carro a los 17, solo. Y el libro que me marcó tanto que uno de mis hijos se llama igual que el protagonista —Hafid, de El vendedor más grande del mundo, de Og Mandino— me enseñó que el éxito no tiene atajos. Hay que ganárselo.

¿Hay un auto que marque un antes y un después con tu padre o tus hijos?
Mi papá tuvo dos Volkswagen William y yo era bien chavito, pero cuando ves el volante, ves la palanca, te transportas completamente. De ahí nació la pasión por los clásicos. Hoy tenemos una colección y uno de mis hijos me dijo lo mismo cuando se subió a una camioneta que también tuvo su abuela: que lo regresó a su infancia. Los autos hacen eso, te transportan a los recuerdos. Por eso los llamamos así: transportando a tus recuerdos. Es el alma de la colección.
Hay un solo paso entre quedarte paralizado y llegar a ser alguien. Ese paso es atreverse.
¿Cuál es el auto de tus sueños y qué dice de ti?
Ando en busca del Dodge Charger 69, el de los Duques de Hazzard. Ya tenemos un 72, pero el 69 es otra historia, otro nivel, otro costo. Me identifico con él: es agresivo, es emblemático, va dejando huella conforme pasan los años. Como me dijeron unos amigos del sector artístico: cuando la mayoría busca el foco, el foco los sigue a ellos. Así me siento con ese carro.

¿Cuál es la ruta que nunca olvidarás?
Los tours de aniversario con mi esposa —este año cumplimos 27 años de casados—. Siempre cinco estados mínimo, siempre por carretera. La de Michoacán a Guadalajara, la de Manzanillo, llena de curvas, preciosa. Hemos levantado los carros a más de 240 kilómetros por hora donde la carretera lo permite. Te sientes Schumacher. Nuestro país tiene rutas que no tienen comparación. Por eso prefiero recorrerlo antes que ir a cualquier otro lado.
¿Qué quieres que recuerden de ti tus hijos, tu industria y México?
Que fui una persona que empezó de la nada, que desayunaba un té y dormía con un té, pero nunca busqué atajos. Que me investiguen y no encuentren trucos. Que cuando alguien me depositó cuatro millones por error, los devolví. Que mandé a mi hijo con una camioneta de víveres a Acapulco cuando llegó Otis. Que fui el primero en entrar con postes de la CFE a la Sierra. Que si naces para servir, para eso estás.