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// Especial · El auto que nos une

EmmanuelRendón

Soñar se vale, aunque tengas que vender el sueño para seguir

Cirujano plástico, director de hospital y padre. Soñó con un Mercedes desde la primaria, lo consiguió y tuvo que venderlo cuando la vida lo puso al límite. Hoy lo cuenta sin drama, porque aprendió que los sueños no son el auto que manejas, sino la determinación con la que te levantas.

Por · Entrevista C&C

Emmanuel Rendón al volante de un Chevrolet clásico
Emmanuel Rendón: del Volkswagen de La Habana al Mercedes que tuvo que vender. Hoy lo cuenta sin drama.

Emmanuel Rendón no cuenta su historia como quien busca admiración. La cuenta como quien sabe que alguien más la necesita escuchar. Cirujano plástico especializado en pacientes quemados, director del Hospital General de Cholula y padre de familia, su camino tuvo de todo: un Volkswagen desencuadernado en La Habana, un Mercedes ganado a pulso, una crisis que casi lo cobra, y la convicción de que las segundas oportunidades valen la pena. Sobre todo si viven.

¿Cómo te describirías y cómo crees que te describirían tus hijos?

Auténtico, disruptivo y apasionado. Para mis hijos, creo que como un padre divertido y cercano. Por mi trabajo es difícil convivir tanto como quisiera, pero trato de ser un padre presente, de que los momentos que tenemos cuenten.

¿Cuál fue el momento en que decidiste ir por todo?

En La Habana, Cuba, manejando un Volkswagen que le había dado Fidel Castro al coronel Harley Borges, el médico que diseñó las unidades de quemados de todo el país. El coronel me dijo: «Si lo echas a andar, úsalo». Nos llevamos medio Vocho desde México, se nos descomponía, se nos iban los frenos. Y ahí, muerto de calor, decidí que tenía que ir por todo. Con todo lo incómodo que era ese momento, tenía una idea muy clara: ser libre y llegar.

Emmanuel Rendón con sombrero junto a un auto clásico
«Ser libre y llegar»: la idea clara que nació muerto de calor en un Vocho, en Cuba.

¿Hay un auto que marque un antes y un después con tu padre o tus hijos?

Un Chevrolet Chevy del 51. Nos trae recuerdos de Cuba, de La Habana, es una pieza clave en nuestra historia. Y mi papá también me enseñó mucho desde el auto: había que lavarlo para poderse subir, no se podía comer adentro, había que cuidarlo porque costó mucho esfuerzo. Eso lo aprendí de él. Con mis hijos trato de que sea más ligero, que disfruten, que el auto sea un buen momento, no solo una responsabilidad.

¿Cuál es el auto de tus sueños y qué dice de ti?

Podría decirte que ya lo tuve. Un Mercedes-Benz C300 Coupé, el último modelo ensamblado a mano. Soñé con ese auto desde la primaria. Mucha gente me decía que era inalcanzable. Un día me lo compré sin decirle a nadie y simplemente llegué con él. Fue un momento muy bonito.

Pero también tuve que venderlo cuando la vida me puso a prueba. Y eso cambia la perspectiva. Un auto dice mucho de ti, sí; pero también puede ser una representación banal. El verdadero mensaje es: ten buenos sueños, pero no te quedes en ellos. Despierta. Sé auténtico. Que te describa quién eres, no lo que manejas.

A diferencia de soñar en grande o de manera cómoda, a mí me tocó soñar en un Vocho, en Cuba, muerto de calor. Pero con una idea muy clara: ser libre y llegar con todo.

Emmanuel Rendón, cirujano plástico, en el hospital
Director del Hospital General de Cholula y cirujano plástico de pacientes quemados.

¿Qué proyecto te tiene más orgulloso este año?

Levantarme. Hubo un momento en que estuve muy grave —casi no lo cuento—. Me deshice de muchas cosas para salir adelante, entre ellas el Mercedes. Y hoy estoy aquí, dirigiendo el Hospital General de Cholula y lanzando On Plást, una empresa de cirugía plástica accesible por internet, dirigida a toda la República. Porque creo que los procedimientos tienen que ser seguros, confiables y posibles para más personas, no solo para quienes pueden pagarlos a precio de lujo.

Emmanuel Rendón junto a su Chevrolet clásico
El Chevy del 51: una pieza clave en la historia familiar, traída de La Habana.

¿Qué quieres que recuerden de ti tus hijos, tu industria y México?

Que sí se puede. Que soñar se vale. Que puede haber momentos muy difíciles —y los va a haber— pero que la determinación con la que decides levantarte lo cambia todo. Que me recuerden como alguien determinante. Y si le pudiera decir algo a mis hijos: que lo intenten, que no se detengan, que nadie les diga que no se puede soñar.